miércoles, 26 de agosto de 2009

Para escuchar a Chopin


Es hermosa la tarde,
tanto, que me ocupo
de entretejer tus sueños
con los míos,
para hacerme un chal
de recuerdos.

¡No te vayas!, te dije,

cuéntame otra vez

cómo fue que se abrieron

los soles amarillos

que me guiaron hasta tu rastro

de centauro inquieto.

Al final me esperaba

la cruz de tus brazos

para fundirme en ellos

y derretíme en tu voz,

cómo hielo en el fuego.

Fue entonces

que compré las auroras

para que no despertaras,

ni huyeran de mi

las chispas de tu pecho.

Velé tus párpados cerrados

y fue necesario que cayeran

los velos eternos

de tus rebeliones

y tus miedos,

convertidos en cenizas

Entonces callaron todas las voces

y comenzaron lentamente

las notas sublimes

de un vals de Chopin.

La Gata Rosa