miércoles, 12 de agosto de 2009


No todos tienen la suerte
de hablarse de tú con los ángeles,
ni de leer sus pensamientos.
Los simples mortales
nos conformamos con mirarlos,
identificar sus sonrisas,
y dejar que con su luz
despejen las dudas y alumbren
con generosidad los días grises.
Los ángeles vienen camuflados,
fingen que tienen frío,
y se ponen bufandas o gorritos tejidos.
Pero podemos reconocerlos
porque no pueden disimular,
por más que se metan el amor
y los versos
a los bolsillos o en los cajones de la cocina
o en la caja del pan,
tarde o temprano se les desbordarán.
No, no todos tienen la suerte
de hablarse de tú con los ángeles.
Para Ana Marquéz
La Gata Rosa

Y



Y



Y novecientas noventa y nueve mil


veces


te digo que te amo


y se me acaban los números


y se me esfuman las letras


y me muero en tu cuerpo


y me avasalla la dicha.






Y me prendo a los vocablos


con que relatas mi nombre


y me llamas "deseada"


y "lenta gota que quema"


y "cuenco de mi lengua


y "mar enfurecido"


y "verde que calma"


y "grano de sal"


y "arena derramada"






Y tomo los pinceles


Y te dibujo en la tierra


y te pinto con signos


permanentes


Y me recuerdas por siempre.




La Gata Rosa