sábado, 4 de julio de 2009

El duelo VI

El tiempo se había vuelto el peor enemigo de los amantes, las mañanas los sorprendía cada vez más seguros de su amor, pero más angustiados por el destino del mismo.

- Creo que lo único que podemos hacer, es irnos. No me mires con reproche, yo también sé que es una solución egoísta, pero considero que es la única manera de
poder seguir juntos, tú sabes que nadie comprenderá esto que sentimos-, - antes podría haberte dicho que no, pero ahora es diferente, estoy esperando un bebé-,-
-¿de verdad cariño?-, el rostro de André se iluminó, -si, tendré un hijo tuyo y nada me parece más hermoso-, - ¡ahora nadie me detendrá para hacer hasta lo imposible por realizar lo nuestro!, yo pensé que no era posible amarte más, pero lo que siento ahora es indescriptible ¡TE AMOOO-, -chissst, cállate, pueden oírte-, -¡quisiera salir a la calle y gritar que eres mía, que soy tuyo!-,- con que lo sepamos tu y yo es suficiente-, -tienes razón, en este momento iré a hacer todos los arreglos para que podamos irnos cuanto antes, hablaré con mis padres y les diré mis planes, ellos son buenos y estoy seguro que entenderán nuestras razones-.
Y tomando las precauciones de siempre, salió por la ventana del dormitorio de Mirelle.
Los ojos de su madre se llenaron de lágrimas, -¡ cómo es posible que te hayas enamorado nada menos que de la prometida del príncipe Felipe, ¿entiendes lo que eso significa?-, - si madre, pero que puedo hacer, el amor no entiende de nada, se aparece y ya-, -y,¿que piensas hacer?-, nos iremos a Italia, a la casa de mis primos-, - me temo que no podemos oponernos, aún sabiendo que habrá represalias de parte de la corona-, - perdóname padre, perdóname madre, pero Mirelle espera un hijo mío-, -¡ Dios santo!, yo que pensaba que cuando alguno de mis hijos me dijera que sería abuela me sentiría dichosa, ahora, a pesar de que una mano dulce me toca el corazón, mi estómago se encoge de miedo-, André besó a su madre y sintió pena por ella. En ese momento tocaron al portón é instantes después entró Victor con la guardia civil tras él, -¡ venimos a apresar a André Fournet por parte del señor LouisDijón-, - ¿cual es el cargo?- dijo el padre, -¡violación!, este hombre fue visto saliendo de la habitación de la señorita MirelleDijón-, la madre estuvo a punto de decir algo, pero André se puso un dedo en los labios.
Los guardias lo llevaron a la cárcel y de pronto se encontró en una infecta mazmorra,con sólo una pequeña ventana en el alto techo.
Mirella fue avisada por una de sus criadas y sin importarle su propia suerte, corrió a la cárcel para tratar de ver a su amado.
Un guardia se apiadó ante su dolor y le permitió entrar. Su angustia creció al verlo golpeado y recluido en ese horrible lugar. Se abrazaron y se besaron con deseperación, - mi amor, ¡por favor vete!, este no es un lugar para ti-, - ni para ti, pero juro que pronto estarás fuera, no me importa a lo quién tenga que recurrir-, - no hagas nada, sálvate tú y salva a nuestro hijo, le diré a mis padres que te envíen a Italia-, - no, no lo hagas, no pienso dejarte aquí- , -Mirelle, ¡prométeme que no harás nada!-, - no puedo, sin ti mi vida no tendría ningún sentido- y antes de que volviera a protestar, salió dejando una estela de olor a flores.
Primero acudió a su padre,- papá, él es todo para mí, no hay nada que me importe más que su vida, si me quieres,¡déjalo salir en libertad!, te prometo que no lo volveré a ver-, - ya no depende de mi su libertad, he puesto en antecedentes al príncipe Felipe y ahora está en sus manos la suerte de ese infelíz-, la chica lloró con desespero, sabía que el destino de André era cada vez más incierto.
Llegó a palacio y pidió hablar con Felipe. Después de unos instantes tuvo frente a ella el semblante sombrío de su prometido,- nunca me imaginé que me hubieras podido engañar en esta forma, dime, ¿hasta cuando pensabas seguir con esta farsa?-, -Felipe, tienes toda la razón, pero tú sabes que es difícil, por no decir que imposible, romper un compromiso como el nuestro, de todos modos estaba en peligro la vida de André y tal vez la mía-, -¿me crees capaz de atentar contra tu vida?-, - no lo sé, pero si él perdiera la suya, es como si yo también muriera-, -¿tanto lo amas?-, -si, ¡tanto!-, - eres cruel, no te importa lastimarme, sabes que yo te amo y que tenía la ilusión de hacerte mi esposa-, -¡perdóname, perdóname!, en el amor no se manda-, -¿quién debe pagar por este dolor que siento?-, -¡yo, dame un castigo o toma mi vida!-, no, ¡tomaré la de él!-, Mirelle se hincó frente a él, - ¡por favor Felipe, ten compasión de mi!-, él contempló su hermosos rostro lleno de dolor y sintió compasión, le extrañó seguir sintiendo amor por esa mujer que confesara querer a otro, "tiene razón, en el amor no se manda", pensó.- Está bien, no llores más, me conoces bien, seré justo, hoy mismos saldrá André de la cárcel, pero tú no lo verás más, ¿de acuerdo?-, -La chica besó sus manos, si, si, gracias, yo sabía que la nobleza te viene del corazón- y se alejó sintiendo una mezcla de tristeza y alegría.

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