viernes, 3 de julio de 2009

El duelo V



La figura amada se recortó en la lejanía y se apresuró a llegar junto a ella, todavía se le hacía un sueño el pensar que lo esperaba con el mismo anhelo que a él lo poseía.

- Mi bien, pensé que no me permitirías verte nunca más-, -esto es un tormento, ya que me digo que seré fuerte y trataré de olvidarte, ¡pero no puedo, no puedo!, mi deseo de verte, de hablarte, es mucho más fuerte que yo-, - estamos contagiados del mismo mal, mi amor, repito tu nombre como una obsesión y el resto del mundo se borra ante tu presencia-, -¿que vamos a hacer?, estamos ante una precipicio en el que podemos caer sin remedio-, -mira, tengo unos familiares que viven en Italia, en un pueblo cerca de Génova, huyamos, allá nos podemos casar-, -y dejar a mi familia con esta afrenta?, ¿que sería de mis padres, de mi hermanos, enfrentados a la ira del rey?, no, no puedo ser tan egoísta-, -tienes razón, también mi familia sufriría las consecuencias-. Gruesas lágrimas de impotencia salieron de los ojos de Mirelle, -no, no mi cielo, no llores, este dolor debe acabar, mira, me iré yo solo a Italia, el tiempo podrá aminorar la pena que nos produzca la separación-, -¡no me digas eso!, sólo de pensarlo siento que se me desgarra el corazón-, dijo Mirelle con vehemencia, luego pasó una sombra por su rostro, -aunque tal vez, finalmente, esa será la única solución-, luego su rostro se iluminó de nuevo,- pero no quiero saber cuando te irías, déjame disfrutar de estos momentos, quiero imaginar que todo es posible entre nosotros, después de todo no tenemos la culpa de amarnos-.

Con la complicidad de la noche, André y Mirelle entraron por la puerta trasera de la casa de ella y finalmente se encontraban en su dormitorio.

El encuentro amoroso abrió el dique que contenía los ímpetus de los dos, entonces fueron como río caudaloso, como viento que todo lo arrasa, como la tierra naciendo de nuevo. Él sintió que a pesar de sus anteriores encuentro carnales, en realidad nunca había hecho el amor, ella supo que después de esa noche, no podría volver a sentir esa plenitud con nadie más. Eran el complemento perfecto, el Yin y el Yan del que hablaban los chinos, la primitiva pareja habitando el paraíso dado por Dios. Y después de amarse hasta quedar rendidos,durmieron estrechamente abrazados.

Los encuentros se repitieron, André le platicó a Mirelle su vida: Supo que él pertenecía también a una familia aristócrata venida a menos, ya que su padre sufrió un accidente cuando cayó de un caballo, su administrador se aprovechó de que, tanto André, como Victor, su hermano, estaban en la universidad estudiando y el padre en el hospital, para vender algunas posesiones y posteriormente vaciar las arcas e irse con rumbo desconocido, dejando a la familia casi sin patrimonio.

El resultado fue que Victor y André se vieron en la imposibilidad de seguir sus respectivas carreras y tuvieron que regresar a su hogar, para tratar de salvar aunque fuera parte de sus propiedades.

La situación era más precaria de lo que parecía, tuvieron que despedir a los criados y junto con algunos de sus jornaleros, trabajar las pocas extensiones de tierra que les quedaban para sostener la casa Fournet.
Pero a pesar de la situación tan austera en que se encontraban, André descubrió la recompensa que había en las entrañas de la tierra; día a día se maravillaba de la transformación de las semillas y se gozaba de ver cómo surgían los verdes tallos, las hojas y finalmente el sabroso fruto que se sacrificaría, para alimentar al hombre.
Amó entonces la vida y se dedicó a exaltarla, sus poemas hablaban de ella y no se cansaba de darle gracias a Dios por la existencia de los seres vivos.
-Pensaba que ya conocía todos los secretos de la vida, pero me faltaba tenerte, palparte , saborearte, para saber que tú eres la mejor expresión de la vida, tú eres la vida misma-.

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