miércoles, 15 de julio de 2009

El director


(segunda parte)

Por la mañana del doceavo día, se levantó muy temprano y salió rumbo al bosque. Catita y Cholita apenas tuvieron tiempo de limpiarse los ojos y a pesar de sus esfuerzos por levantarse rápidamente a preparar el desayuno de su querido niño, sólo alcanzaron a verlo partir. Lírico caminó aprisa y llegó sin esfuerzo al bosque . Por primera vez notó que todo estaba en silencioso, ni los pájaros cantaban, ni los árboles hacían los ruidos característicos del roce del viento meciendo sus ramas, ni la cascada emitía su rugir de agua, ni se oían los zumbidos de las abejas al trasladarse de una flor a otra, ni las ovejas balaban como de costumbre, ¡NADA , no había un sólo ruido! El hombre sintió pánico, tocó sus orejas, luego se las tapó y comenzó a dar giros de loco, pensando que su temor de haber perdido la audición se había hecho real. Cuando el mareo le hizo perder el equilibrio, cayó de bruces sobre el césped y lloró desconsolado. Una mano lo tocó y en medio de sus lágrimas, vio al mismo muchacho que conociera en sueños, con su larga capa azul,-¿me recuerdas?-, el afirmó con un movimiento de cabeza, - anoche te dije que hoy sabrías para que sirves-, -pero....¿para que voy a servir si no escucho nada?-, ¿no me estás oyendo a mí?-,- ¡es verdad!- y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro, - no es que no escuches, si no que necesitas ordenar los sonidos y darles armonía -, - armo ¿queeee?-, dijo poniendo cara de asombro, -A-R-M-O-N-I-A-, -pues no entiendo-, - ya entenderás, recuéstate y duerme un poco más, cuando despiertes sabrás de lo que hablo-. Un pesado sueño se recargó en sus párpados y se durmió. Cuando despertó se sintió muy descansado, pero todo seguía en silencio. De pronto vio una luz muy fuerte, casi cegadora, corrió hacia ella y después de caminar un poco, topó con un círculo de donde emanaba la luz, por intuición supo que se trataba del centro del bosque, entró en el círculo y una vez ahí, sintió el impulso de subir su mano derecha y sus dedos apresaron una batuta invisible, de pronto comenzó a escuchar los ruidos de la naturaleza, pero todos estaban mezclados y sin orden.
No lo vio, pero supo que frente a él había un atril y sobre el atril un papel pautado, escrito por manos sabias e invisibles, conoció aquellos símbolos, sin haberlos visto nunca, eran los signos de la ARMONÍA. Enarboló con autoridad su batuta y con ella tocó una esquina del atril, todo ruido volvió a callarse, pero esta vez para atender la dirección de Lírico. Y ¡ oh prodigio!, comenzó a surgir la música, cada trino, cada silbo del viento, cada zumbido de las abejas, cada caída de agua se comenzaron a unir y a separarse en un concierto maravilloso y lleno de belleza, con un acierto increíble se oían las notas bajas de un pájaro y de pronto atacaban los vibratos de las alas de los colibriés, hasta llegar a un sólo rayo estallando, para darle un sonido dramático al concierto.
Lírico siguió dirigiendo con mucha maestría la belleza de los sonidos y en ese momento supo para que había venido a este planeta. Cuando terminó aquel hermoso concierto, una salva de aplausos llenaron el espacio, él volteo y vio que muchos estaban llorando de ternura y felicidad, les dijo -¿oyeron?, ¡esto es A-R-M-O-N-I-A !
Había encontrado el motivo de su existencia.

La Gata Rosa

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