lunes, 13 de julio de 2009

El director

Virginia: Siento gran admiración por tu arte y no pude resistir la tentación de hacerle una historia a este maravillosos cuadro.

El director

Lírico cumplió 31 años y su mente y su cuerpo estaban en estado puro, tal vez se debía a que había pasado toda su vida sin salir del pueblo de Concaragua y siempre había estado entre los rezos de su madre y las atenciones de su nana.

El caso es que este personaje, desarrolló una bondad fuera de este mundo, lo que le impelió a tratar de curar a cuanto animalito veía lastimado, hasta a los grillos les ponía pequeñas pajillas en sus patas quebradas y a los gusanos les vendaba las panzas que por accidentes se les habían despanzurrado.

Pronto todos en el pueblo llevaban a sus vacas, ovejas, perros, burros, gallinas, pollos y cuanto animal de granja había.
El trabajo era mucho, pero la paga poca, ya que siempre rehusaba cobrar por sus servicios, pensaba que porqué debían pagarle por algo que a él le producía tanto placer.
Las personas resolvieron recompensarle en especie y en su casa siempre había fruta, verduras, semillas y toda clase de viandas. Lírico nunca preguntó a que se debía toda esa abundancia, se limitaba a comer con buen apetito y luego a escuchar los relatos del viejo Maurilio, a cerca del origen del mundo, lo que más le impresionó fue aquello de "La tierra estaba desordenada y vacía", se imaginó un gran silencio sobre la faz de la tierra, y le pareció muy triste, entonces pensó que sería terrible si por algún castigo divino, perdiese la facultad de oír y de pronto cayó en una profunda depresión.
Él que era todo sonrisas y optimismo, a partir del día de su cumpleaños se tornó en un hombre triste, largas filas de personas cargando o jalando a sus animales enfermos esperaron varias horas para que Lírico las antendiera, pero eso nunca sucedió. Mamá Catita salió a la puerta de su casa, se notaba que había llorado, - ¡no sé que le pasa!, no quiere levantarse del sillón, ni quiere comer, ni tiene ganas de nada-. Se vieron unos a otros y terminaron subiendo los hombros y alejándose con sus animales.
Así transcurrieron diez días, Catita y Cholita, la nana, se la pasaban preparando los platillos preferidos de "su niño", imitando los sonidos de los animales, limpiando los instrumentos que él usaba para curar a "sus enfermos" o haciendo comentarios cómo: -¡uy, si vieras que malito está el caballo de Desiderio!-, -si, hasta dicen que si no lo curan pronto morirá-, -pero ¿que me dices de la vaca de Tomás?, recuerdas lo bonita que estaba y cuanta leche daba?-, -si,lo recuerdo_, -pues ahora, gracias a una fiebre que no identifican, se ha puesto flaca y sólo da unas cuantas gotas al día-. Así continuaban la plática para tratar de motivarlo, pero él ni se inmutaba.
Al onceavo día, Lírico soñó que un chico de larga y muy negra cabellera y vestido de una manera extraña, con un pantalón y una camisa de seda blancos, una largísima capa azul y una especie de trompeta en la mano, entraba a su casa, se sentaba en su sillón y le decía: - Este día sabrás para que sirves de verdad, levántate y ve al bosque, una vez ahí, todo te será claro-

2 comentarios:

  1. Supongo que continuará Dani. espero

    ResponderEliminar
  2. Dani, sólo tienes que hacer lo mismo en las siguientes entradas. No debería haber problema :-S Intentaló de nuevo a ver qué pasa. Recuerda q tienes q pegar el código con la ventana en "edición Html". NO en "redactar".

    El relato genial, te encuentro al final de cada palabra. Un beso.

    ResponderEliminar