miércoles, 15 de julio de 2009

Cuando Sea Tarde





Cuando Sea Tarde


Todo era aridez, se veían grandes extensiones de tierra resquebrajada y seca, ni una pequeña brizna de verdor se asomaba por aquel lugar, solo había polvo y silencio.

Pero a pesar de que aparentemente el lugar parecía deshabitado, existía un hombre. Estaba desnudo, sin un asomo de pelo en todo su cuerpo, plegado sobre si mismo se balanceaba para atrás y para adelante, y pegándose con los puños en la cabeza, trataba de comprender porqué estaba allí.

Interrumpió su balanceo, cuando oyó un ruido, era una piedra que rodaba de un pequeño montículo que se encontraba cerca de él. Se levantó, camino hacia dicho montículo y su instinto le hizo apartar las piedras y cavar después con sus manos.

Cuando llevaba un buen rato cavando, sus dedos tropezaron con algo: Eran dos pequeñas botellas llenas de un líquido transparente, estaban etiquetadas y la primera decía: "Para recordar" y la segunda decía: "Para olvidar".

Su boca se curvó en algo que parecía una sonrisa sarcástica, y con arrogancia aplastó con la mano izquierda el segundo frasco y en seguida tomó con avidez el primero.

Al principio lo único que sintió fue una ínfima disminución de su sed......De pronto, una luz cegó sus ojos y lo obligó a cerrarlos. Después, cuando puedo adaptarse a la luz, vio ante él una gran pantalla, que se llenó con una proyección.

Sin comprender porqué, su rostro comenzó a mojarse por las lágrimas que rodaban de sus ojos en forma incontenible, al contemplar en la pantalla hermosos paisajes, mares de tonalidades verdes y azules y gaviotas volando encima de sus olas; luego miró ríos caudalosos, enmarcados por abundante vegetación, cascadas rugientes de cristalinas aguas; su sed se acentuó al ver el líquido vital, pero cuando quiso beber de toda esa abundancia, sus manos traspasaron la pantalla y no pudo tocar nada de lo que allí estaba.

Una nueva escena lo distrajo: Era una hermosa mujer de dulce semblante, sonreía con ternura a un hombre que la miraba de idéntica manera, estaban desnudos y hacían el amor. Sintió un dolor en el pecho.

En seguida se presentó ante sus ojos un parto, la mujer gemía de dolor y abriendo las piernas daba a luz , sin más ayuda que la de su pareja.

Un pequeño ser había nacido y consolidaba con su llanto, el amor de los dos.

De ahí en adelante una sucesión de hechos fueron despertando su memoria.

Vio grandes reinos, palacios suntuosos, esplendor, poder, poder que parecía no tener fin. Más su horror no tuvo límites cuando adivinó que venía de lejos el fantasma de la guerra.

Casi sintió que caían sobre él hombres montados en caballos con lanzas, espadas y macanas con puntas de hierro. Se mataban con odio y la sangre bañaba todo el campo de batalla. Luego la sangre fue formando arroyos, que corrían hasta ensuciar los mares, los ríos, las cascadas.

Siguiendo el curso de toda esa sangre, de pronto se encontró con una moderna civilización, donde había aviones, transatlánticos, transportes colectivos, autos y aparatos sofisticados para la comunicación de los hombres, pero extrañamente, estos vivían aislados, casi parecían autómatas.

Un hombre en la pantalla lo turbó, su rostro le parecía conocido, si, era él mismo.

Se vio naciendo, creciendo, estudiando, haciéndose hombre, enamorándose, casándose, haciéndose padre.

Todo era hermoso y deleitable, se preguntó: ¿Donde está todo eso?, y volvió a pegarse en la cabeza tratando de recordar.



(continua)









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