lunes, 29 de junio de 2009

El duelo II

Cuando entró André al salón, este se encontraba vacío, se dedicó a admirar la suntuosidad del lugar , desde las gruesas alfombras, los candelabros de finos cristales que daban hermosos visos, las suntuosas cortinas, que , a decir verdad, tapaban la vista a los amplios jardines, los cuadros de los reyes anteriores, al poeta le parecían todos iguales, gesto aristocrático, elegancia estudiada y muchísima vanidad.
A los pocos minutos entró la reina y su séquito, - ¡vaya, André Fournet, el insigne poeta se digna visitar a su reina!-, él se inclinó solemne y besó la mano de la soberana-, -pero, ¿está enfermo?, lo noto más delgado y ojeroso-, -no majestad, sólo tuve un pequeño resfriado, pero ya estoy bien-, - me alegro, pero a ver dígame, ¿no me había prometido que yo sería la primera en leer sus creaciones poéticas?, hace al menos tres semanas que no leo nada salido de su inspiración-, -debo disculparme alteza, las musas me han olvidado últimamente-,-no le creo, usted siempre ha sido el preferido de las musas y.....no sólo de las musas, ¡picarón!, ya supe que Terese Drumont está muy interesada en usted-, - son sólo rumores majestad-, dijo, mientras enrojecía-, -¡jajajajajaja, lo hice enrojecer!-, río de buena gana la reina,- pero pongámonos serios, lo mandé llamar por una razón, ¿me imagino que está enterado que mi hijo Fernando II, se casará en tres meses con Mirelle D´Dijon?, hija del barón D´Dijon -, él se puso pálido, el comentario le hizo el efecto de un golpe en la cabeza, a duras penas se repuso y contestó, -si, lo sé alteza-, - pues quiero encargarle la crónica de la boda, con su arte literario no dudo que será una crónica maravillosa-, -majestad, no soy digno de esa distinción, el conde Romuald Renuart es el encargado de todas las crónicasdel reino-, ¡oh André, Romuald hace unas crónicas muy aburridas, me duerme con sus escritos!, no, yo quiero que usted se encargue de recopilar este acontecimiento y le ponga un toque diferente -.
La plática se vio interrumpida por la súbita entrada de Fernando II, -madre, necesito hablar contigo-, ¡vamos Fernando, yo no te he enseñado esos modales!, saluda a André Fournet, mi poeta preferido-, - disculpe, no quise parecer grosero, me da gusto conocerlo, he oído hablar mucho de usted, sobretodo entre las damas-, e hizo un guiño de complicidad, -ahora le estás faltando a tu madre, ¿que comentario es ese?-, - tú siempre guardando el protocolo, ya deberías saber que tu hijo detesta los protocolos -, -bien, ¿que es eso tan urgente que te hizo entrar tan intempestivamente?-, -mi padre se ha negado a indultar al campesino que fue encontrado ayer llevándose un saco de arroz, quiere que sea ejecutado, según él, para dar ejemplo al pueblo, no puedo creer que alguien sea ejecutado por querer alimentar a los suyos, ya deberían saber que nuestros súbditos cada día tienen más hambre, mientras se les exigen más impuestos, para que nosotros podamos celebrar fiestas suntuosas cada dos por tres-, -¡Fernando!, estás hablando locuras, ¿no te das cuenta que blasfemas contra tu padre ?-, -y tú, ¿ no te das cuenta que respaldas sus injusticias?-,- André, disculpe, gracias por haber venido, otro día hablamos ¿le parece?-, dijo la reina con el rostro descompuesto, -si, con su permiso, majestad, príncipe me place haberle conocido-,- si, igualmente-.André salió, dejando tras de sí lo que pintaba para una gran polémica.Le desconcertó haber sentido admiración por quién hasta ese momento considerara su más odiado rival.

No hay comentarios:

Publicar un comentario