jueves 4 de febrero de 2010

La primera palabra

La primera palabra sonó dulce,
a viento, agua y pájaros.
Se fue desenredando la lengua,
cómo una alfombrilla
sin estrenar.
Y tras la lengua, la garganta
emitiendo sonidos guturales
con su rosario de piedritas,
ansiosas por relatar.
¿Cual fue la primera palabra?
El tacto no lograba conciliarse con la voz,
hasta que el viento trajo
el dulce olor lácteo,
la suavidad nítida del seno
y ese conciliador canturreo,
apenas perceptible,
pero capaz de calmar todo dolor.
Fue entonces que nació la primera palabra,
la mejor palabra que el hombre
haya inventado:
"mamá".
La Gata Rosa

lunes 18 de enero de 2010

Los listones de mis días


Desataste los listones de mi días,
el viento los meció
formando un concierto de suavidades.
Ven, siente mis domingos
encapsulando la semana
entre besos casuales, ociosidad
y un blanco listón de paz.
Soporta mis lunes,
tratando de ajustar el reloj
en minutos imposibles
e inalcanzables,
mientras orquestamos
sin mucha suerte,
el verde listón,
de los holas y los adióses.
Vive mis martes,
a los que no les alcanza
la noche
con su amarillo listón,
para cubrir un "te quiero".
Disfruta mis miércoles,
en que la sonrisa
sustituye a la eficiencia,
mientras vuela un listón azul
que dice: "lo siento".
Incursiona en mis jueves,
llenos de arrepentimiento
y una que otra lágrima
de frustración,
que me hacen buscar
el listón negro
de tu mirada y con ella
el equilibrio.
Llega hasta mis viernes,
y ayúdame a romper
la rutina,
escúchame, déjame escucharte,
con el listón interminable
de las palabras,
¡comuniquémonos por fin!
Entra ceremoniosamente
a mis sábados,
desnuda mis necesidades
y júntalas con las tuyas,
no importa si te digo
que un rojo listón nos impide
saciarlas.....
Sólo abrázame y duerme,
que se ha terminado
la semana.
La Gata rosa

viernes 8 de enero de 2010

El tiempo



Se te deshace el tiempo

entre los dedos,

filamentos de escarcha

resbalando por los resquicios;

un terrible compás

marca inexorable su marcha,

sin excusas, ni pretextos.


¡Ay si pudiera detenerlo!,

si pudiera guardar

tu mirada transparente,

la misma que gozó

hasta el infinito,

los regalos sencillos,

las mañanas de domingo,

las charlas intrascendentes,

los tenis nuevos.


Quisiera inventarte una isla

sin horas, sin minutos,

sin segundos;

una isla mágica,

donde puedas resguardarte,

cada vez que sientas

que te abruma el tiempo.
Pero yo también
libro mi propia lucha,
llenando con tu risa
mis forzadas ausencias,
espiando tu sueño
para ver si adivino
lo que no me dices
tocandote el pecho,
qué, aunque tú descanses,
el latido advierte
que sigue con su marcha
el tiempo.
La Gata Rosa